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viernes, 16 de octubre de 2015

Raúl, leyenda viva del fútbol, anuncia su retirada


Hay pocas cosas que marquen tanto en la vida como un jugador como él. Si alguien es el culpable de mi pasión por el fútbol ése es él: Raúl González Blanco.


Apenas entendía en qué consistía el fútbol cuando miraba hacia arriba a la televisión desde la alfombra de nuestro cuarto de estar. Al principio me sobresaltaba con cada grito que mi padre y mi hermano proferían contra el televisor pero poco a poco me fui acostumbrando a esas escenas de locura balompédica. Con cada partido mi mirada perdía inocencia y empezaba a dibujar un esquema mental que traducía lo que veía en la pequeña pantalla de nuestro saloncito madrileño. De entre todos los futbolistas yo siempre me fijaba en uno que era delgado como yo y que corría como loco detrás de la pelota. Llevaba el número 7 en la espalda y vestía de blanco. Él es el responsable de que me hiciese seguidor del Real Madrid y no al revés. De niño siempre quise ser como Raúl.


Raúl González Blanco ha anunciado su retirada. Colgará las botas definitivamente en noviembre cuando acabe la temporada estadounidense. Dice adiós el más grande de todos. El mejor jugador español que han visto mis ojos y el verdadero madridismo personificado. Lo suyo no es otra cosa que jugar al fútbol y que divertirse con el juego. Es un deportista de los pies a la cabeza que nació para ser grande. Que desde que comenzase a entrenarse chutando contra una pared de San Cristóbal de los Ángeles no ha cesado en su empeño de superarse día a día. Ese niño cuya camiseta le llegaba por las rodillas creció hasta convertirse en uno de los mejores futbolistas que jamás habrá.

Es curioso pero el ser humano tiene más envidia al humilde que triunfa que al superdotado. Es difícil encajar que alguien con condiciones "parecidas" a las nuestras logre sueños que la mayoría de los mortales sólo se permiten dormidos. Los (incomprensibles) detractores de este jugador siempre han dicho que Raúl no destaca por encima de los demás en nada: hay otros que tiran mejor, otros que pasan mejor, otros que regatean mejor, otros que son más rápidos… Ésa es la gran virtud de Raúl. Eso precisamente es lo que le convierte en el gran futbolista que es. Es el ejemplo vivo de que la vida es actitud y no aptitud. ¿Cuántos y cuántos jóvenes talentos se han echado a perder? Innumerables. ¿Y cuántos sin unas habilidades técnicas o facultades físicas extraordinarias han alcanzado la máxima gloria? Sólo unos pocos elegidos.

Después de veintiún años de carrera dice adiós alguien cuya historia debería conocer cualquier chaval que pretenda ser futbolista. Raúl no conoce la palabra rendición. Siempre lo ha dado todo por la victoria de su equipo, incesante en el campo. Jorge Valdano, su primer entrenador en Primera División, contaba la anécdota de cómo Raúl se desplomaba después de cada partido  en una camilla hasta que dejaban de temblarle los músculos de las piernas. Ponía su cuerpo al límite sin dudarlo, dándolo todo por su camiseta. Gracias y hasta siempre, Raúl.


Podría detenerme ahora en cada paso de la carrera de Raúl (los que me conocéis sabéis que me la sé de memoria) pero no pretendo convertir esto en un artículo de la Wikipedia. Sencillamente, quiero escribir lo que surja. Raúl es único, no sólo ostenta un palmarés envidiable a nivel colectivo sino que ha logrado récords que hasta la llegada de los extraterrestres Messi y Cristiano Ronaldo parecían impensables. 

Raúl se llegó a convertir en el máximo goleador de la Selección española cuando ésta se conformaba con soñar con los cuartos de final, se eliminaba en fases de grupos y pese a ser retirado de la misma injustamente años antes de lo que debería. Quién sabe a la cantidad de goles que habría llegado Raúl si hubiese formado parte de la mejor Selección española de la historia. 

También, llegó a alcanzar el increíble honor de ser el máximo goleador de la historia del Real Madrid, mejor club de la historia según el IFFHS, y el máximo goleador de la historia de la Champions League, competición de clubes más prestigiosa del mundo. Cabe mencionar que Raúl logró todo esto jugando sus últimas (y fueron muchas) temporadas en un Real Madrid mediocre con una plantilla que no estaba a la altura del club y que dejó en más de una ocasión en blanco las vitrinas merengues. Raúl año tras año caía en los octavos de final de la Champions (ocho consecutivos para mayor exactitud) y aún así marcaba más goles que ningún otro. Dedos acusadores señalaban a Raúl cuando las cosas iban mal en vez de preguntarse cuán mal irían si no tuviésemos a Raúl

Raúl era distinto, contagiaba su energía al resto de compañeros. Era imposible ser más ambicioso que él. Hacía correr a los Zidane, Ronaldo y compañía cuando no bastaba con su talento y enseñaba a los canteranos el significado de ser un jugador de fútbol. Era correcto fuera y dentro del campo. Nunca ha sido expulsado en toda su carrera. Durante su última temporada en el Real Madrid, en la que pasó muchos partidos en el banquillo, si veías que los jugadores del Madrid empezaban a correr ya sabías que Raúl estaba calentando en la banda. Fue el capitán perfecto durante años en el Real Madrid.

Después se marchó a Alemania a lo que llamaron "retiro fácil" y Raúl revolucionó por completo el Schalke 04 en dos temporadas. Marcó más goles que nadie, se hizo con la capitanía y se ganó un eterno hueco en el corazón de la afición de Gelsenkirchen. Como siempre, siguió tapando bocas. En Qatar y en Estados Unidos, ligas de menor competitividad sí ha tenido un descanso, eso sí, sin dejar de marcar goles. El Cosmos va a tener el honor de ser el último club de Raúl.


La historia siempre te deberá algún Balón de Oro pero en verdad ni te hacen falta. Tus números hablan y hablarán por sí solos. De nuevo, gracias Raúl.


domingo, 7 de diciembre de 2014

"Eterno Capitán", espíritu inquebrantable

Perfil de Raúl González Blanco


Nadie podía imaginar tantos años atrás que aquel niño bajo, esquelético, con el pelo pincho y unas piernas de extrema delgadez se convertiría en el mejor jugador que ha dado el fútbol español. Su primer club, el San Cristóbal, vio los primeros pasos de un infante cuya camiseta alcanzaba sus rodillas y cuyo número era más grande que su espalda. Pero aquel diablillo... ¡cómo jugaba!

Hoy, a sus 37 años, está a punto de ser presentado como nuevo fichaje del New York Cosmos en lo que parece ser su última aventura como profesional. Raúl quiere seguir marcando goles y para ello ha decidido firmar por el emblemático equipo neoyorquino que ya viese las retiradas de Pelé o Beckenbauer.

La de Raúl es la historia viva de un eterno capitán, un futbolista que allá por donde ha pasado ha sabido ganarse la lealtad de sus compañeros e inspirarlos como ejemplo a seguir. Es la ambición personificada, prototipo de deportista a imitar. Profesional de los pies a la cabeza. El primero en acudir a los entrenamientos, el último en retirarse. Su hogar es un lugar donde descansar, pero también donde continuar con su preparación. De ahí, que duerma en una cámara hipobárica para simular estar en la montaña y, con ello, mejorar su rendimiento.

Un atlético de nacimiento que a la postre sería emblema y símbolo del madridismo. Su destino ya se ocultaba en su segundo apellido: Blanco. Raúl, que amaba jugar al fútbol con los amigos de su barrio, sólo fichó por el Atlético de Madrid cuando Paco de Paula le prometió que le haría el capitán del equipo. A Raúl desde pequeñito le llamó ser el líder que guiase a sus compañeros hacia la victoria. De Paula dio en el centro de la diana y se llevó a Raúl al Atleti.

Fueron muchas las llamadas de ojeadores del Real Madrid al joven Raúl. La determinación y lealtad del madrileño siempre ha estado fuera de toda duda y su respuesta, siempre la misma: “no”. Jesús Gil, presidente colchonero, se bajó a Raúl, un chaval de 14 años, al vestuario del primer equipo en una ocasión. “A ver si aprendéis de él. Este chico ha marcado él solito 65 goles en liga”. Un infantil era puesto como ejemplo ante un vestuario plagado de estrellas de Primera División.


El presidente que se ufanaba de tener la mejor cantera de España de pronto cerró todas las categorías inferiores. A Raúl no le quedó más remedio y fichó por el Real Madrid, donde compartió vestuario con dos chavales que también destacaban mucho: Álvaro de Benito y Guti. Pronto Raúl demostraría ser el mejor de los tres.

El 30 de octubre de 1994 Raúl debutó en La Romareda con el Real Madrid, caprichos del destino, en el último estadio en el que vestiría la camiseta merengue. Contra el Zaragoza tuvo cuatro ocasiones claras de gol; las falló todas. Pero Valdano, el entrenador que lo hizo debutar, pronosticó entonces lo que nadie habría creído. “Aún fallando los goles, ha pedido el balón. Esos gestos son para los elegidos”. Raúl, sin duda, era un elegido.

Di Stéfano unos días después apreciaría algo que ha acompañado a Raúl en toda su carrera: “consigue lo que muy pocos se atreven a hacer: entrar en un estadio de cien mil personas y jugar como si estuviera en su barrio”. Es ahí donde Raúl es superior a cualquier otro futbolista: en la resistencia mental. Raúl no es el que mejor tira, ni el que mejor pasa, ni el que mejor regatea, ni el que mejor remata de cabeza, ni el más rápido, ni el más fuerte... pero gana a todos en ambición, en actitud y en compromiso. Corre lo mismo vaya ganando 5-0, o bien vaya perdiendo 6-1; le da igual. En su cabeza sólo entran dos objetivos: ganar y marcar gol.

Podría decirse de él que posee una inteligencia futbolística superlativa. Como si contase con el don de la premonición, intuye los movimientos de la pelota antes de que se produzcan. Y allí aparece Raúl. Solo y donde nadie se lo espera para introducir el esférico entre los tres palos. Es un ratón del área, un peligro constante incluso para las defensas más atentas. Picardía en estado puro.

Cuando Raúl tenía 19 años y llevaba ya dos temporadas en el primer equipo tuvo el honor de conocer a Puskas, mítico delantero del Real Madrid. En su primer encuentro, don Pancho aconsejó a la promesa merengue que hiciese como él, que esperase a que le llegase el balón a los pies. “Lo haces muy bien pero tienes un defecto: corres mucho, demasiado”. Raúl, gracias a Dios, no le hizo ni caso. No sólo tiraba desmarques sin parar y se desgastaba en ataque como cualquier delantero con chispa, sino que presionaba a los defensas rivales como si le fuese la vida en ello. Cuando el Real Madrid perdía la pelota era el primer defensa de los suyos. Eso, el Santiago Bernabéu, lo aplaudía a raudales.

Los años fueron pasando y Raúl aprendió a ejercer de líder en el campo. Muchos partidos dependían de la inspiración del “7” y sus compañeros confiaban en él y en su capacidad de mando. Cuando Hierro se retiró heredó el brazalete de capitán, “Eterno Capitán”, inigualable en esa función. Eran los años de los “Galácticos”. Los mejores jugadores del mundo aterrizaban en el Real Madrid y era Raúl el que unía a todos, el que destacaba por encima de ellos y el que tiraba del carro y contagiaba al resto su espíritu de lucha.

Infinitos delanteros han fichado en las dos últimas décadas por el Real Madrid: Anelka, Ronaldo, Owen, Baptista, Robinho, Cassano, van Nistelrooy, Huntelaar... ninguno sentó a Raúl en el banquillo. El madrileño es un jugador que por su amor al fútbol y su entrega se impone a otros con un talento natural mucho mayor que el suyo.

En noviembre de 2005, Raúl sufrió una grave lesión en su rodilla izquierda que provocó que más de uno pensase que ya no volvería a rendir como antes. Siete meses después volvió. Nunca ha recuperado la velocidad que luciese a los veinte años, pero siguió marcando un sinfín de goles y haciendo algo que siempre se le ha dado de maravilla: tapar bocas y eliminar “enterradores”. 

El delantero de 37 años lleva la competición y el hambre de victorias en la sangre. Su sacrificio sobre el campo le ha puesto al límite del esfuerzo físico en varias ocasiones. Entrenadores y compañeros suyos afirman haber visto a Raúl tras un partido, tumbado en el vestuario y con todos los músculos del cuerpo temblando de dolor. Aún así, en él prima un espíritu deportivo que pocos pueden igualar: más de mil partidos como profesional y ninguna tarjeta roja en su haber. 

Jamás ha sido expulsado de un terreno de juego y jamás ha dicho una palabra más alta que la otra fuera de él. Se le apartó de la Selección (injustamente) en el año 2006 y nunca se ha quejado. Se ha dedicado a marcar goles y a seguir jugando como él sabe.


En el año 2010 fue por primera vez suplente en el Real Madrid. Benzema (35 millones de €) y Kaka’ (65 millones de €) le quitaron el puesto pese a su bajo rendimiento aquella temporada. Al terminar la Liga, Raúl le dijo algo a Valdano, entonces director deportivo, que ya le dijese a los 17 años: “Yo lo que quiero es jugar. Me da igual dónde”.

Y así hizo. Se marchó al Schalke 04. Entonces la prensa deportiva hablaba de un retiro fácil, casi un lugar de vacaciones para alguien a quien no le quedaba fútbol. Raúl siguió a lo suyo. Enamoró a una afición y a un club entero en dos años, anotó 40 goles, llevó al Schalke 04 por primera vez en su historia a disputar unas semifinales en Champions League y en Europa League, ganó la Copa alemana eliminando al todopoderoso Bayern Múnich con un gol suyo en la prórroga de las semifinales, conquistó la Supercopa de Alemania contra el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp, etc. Cuando en la segunda temporada del “7” allí, sus propios compañeros le pidieron a su entrenador que Raúl fuese su capitán, nadie se extrañó en Alemania.


Raúl, con toda la dedicación que debe tener cualquier persona hacia aquello que ama, llegó a ser el máximo goleador de España (44) en un equipo que se eliminaba a las primeras de cambio y el máximo goleador de la Champions (71) en un Real Madrid que cayó ocho veces seguidas en octavos de final. Además, es a día de hoy el máximo goleador histórico del Real Madrid con 323 goles y acumula 423 tantos como profesional.

Ha logrado 6 Ligas, 3 Champions, 4 Supercopas de España, 2 Intercontinentales, 1 Supercopa de Europa, 1 Copa alemana, 1 Supercopa de Alemania, 1 Liga de Catar y 1 Copa del Emir. Veinte títulos que hablan de la carrera de un gran futbolista. 
Tras dos temporadas en el fútbol catarí, en el Al-Sadd, jugando en un fútbol de menor nivel, Raúl vuela a Nueva York para (parece) poner punto y final a una etapa en la que su voracidad se ha llevado por delante a tantos y tantos rivales. Raúl es el ejemplo vivo para todos esos jóvenes que sueñan con dar patadas a un balón. “Eterno Capitán”, espíritu inquebrantable.


miércoles, 29 de octubre de 2014

martes, 19 de marzo de 2013

Goodbye Owen!


El futbolista inglés Michael Owen ha anunciado a sus 33 años de edad que al finalizar la presente temporada se retirará del fútbol profesional. Pondrá fin a su carrera el delantero del Stoke City, un jugador venido a menos que ha tenido que soportar durante toda su vida profesional el peso de un Balón de Oro (2001) que él mismo sabe que nunca mereció.


Owen injustamente ha sido tildado en muchas ocasiones de jugador mediocre pero él no era un jugador del montón. No era un jugador más pero ni de lejos era digno de un Balón de Oro, premio que salvo en ciertas circunstancias (Cannavaro, Shevchenko...) queda reservado a los más grandes de este deporte. Este problema se ha dado en la mayoría de las ocasiones por el mal criterio de querer premiar a los equipos y no al jugador individualmente, que al fin y al cabo es para lo que está el Balón de Oro. Afortunada aunque desdichadamente para el deporte español, en los últimos años la evidencia de la superioridad de Lionel Messi ha hecho que la individualidad (que insisto, es para lo que están estos premios) se imponga a la colectividad. De lo contrario sería escandaloso que Iniesta, Xavi o Casillas no lo hubiesen ganado tras conquistar en 2010 el Mundial por primera vez en la historia de España.


Si muchos españoles no entienden cómo pudo ganar Messi el Balón de Oro en 2010 (para mí justamente), deben de tirarse de los pelos sabiendo que nueve años antes un joven de por entonces 21 años fue elegido por delante del mejor Raúl como mejor jugador del mundo. Ese Balón de Oro no premió a los jugadores, premio al mejor equipo del año 2001, y por tanto fue injusto. Owen, que militó en el Liverpool entre los años 1998 y 2004, era un gran jugador y podía considerarse la estrella de ese equipo. No obstante aquel Liverpool era un conjunto que no destacaba por tener un gran jugador que tirase del carro y marcase la diferencia, deslumbraba en Europa precisamente porque era un bloque, como España actualmente o como la Italia campeona del mundo en 2006. Era un grupo de jugadores que luchaba por un objetivo común y tenía éxito. El Liverpool ganó aquel año la FA Cup (como la Copa del Rey), la Copa de la Liga, la Uefa (actual Europa League), la Charity Shield (actual Community Shield, como la Supercopa de España) y la Supercopa de Europa. El Real Madrid que venía de ganar la Champions, se quedó en 2001 en las Semifinales de la mejor competición de fútbol, ganó la Liga y también la Supercopa de España. Si bien el Liverpool arrolló al Real Madrid en número de títulos (la importancia es rebatible), comparar como jugadores a Raúl y a Owen era como comparar a Dios con un gitano. No ya sólo viéndoles jugar donde la diferencia es muy notable sino en números. Raúl llevó a su equipo a la victoria de la Liga siendo Pichichi del campeonato con 24 goles, Owen no fue máximo goleador de la Premier y se quedó en unos pobres 16 goles. La Supercopa de España la ganó Raúl solito haciéndole un hattrick al Zaragoza (3-0), Owen no mojó por ejemplo en aquella mítica final Liverpool 5-4 Alavés, en la que su equipo endosó una manita... Las diferencias eran insalvables entre estos dos jugadores y lo continuaron siendo y me atrevería a decir que continúan siéndolo.


En 2004 Owen tomó la peor decisión que podría haber tomado, fichó por el Real Madrid. Aquel era el Real Madrid de los "Galácticos" que contaba con un elenco de los mejores futbolistas del planeta: Roberto Carlos, Raúl, Beckham... y se incorporaba a la colección de Balones de Oro fichados por el Real Madrid: Figo, Zidane y Ronaldo. Muchos, conocedores del nivel que se gastaban los "Galácticos", aclamaron el fichaje de Michael Owen, aquel joven que como Figo, Zidane y Ronaldo había ganado el Balón de Oro, y aquel muchacho que había dejado a todo un símbolo del madridismo como era Raúl sin dicha distinción. Evidentemente, nuestro protagonista salió muy mal parado. Su nivel era muy inferior al de las otras estrellas del vestuario, y por si fuese poco tenía que pelearles el puesto a los dos delanteros más grandes del momento: Raúl y Ronaldo. Owen demostró que había sido capaz de imponerse años atrás a Raúl en unas votaciones, pero que futbolísticamente... ¡era incapaz! Nunca llegó a hacerse con un puesto de titular en el Madrid y marcó tan solo 16 goles en 45 partidos disputados.


Tras una temporada de calvario en el Real Madrid asumió que su vuelta a Inglaterra sería lo más indicado. Se marchó por la puerta de atrás, eso sí previo pago del Newcastle de 28 millones de euros. El paso de Owen por el Newcastle estuvo cargado de contrastes aunque nunca recuperó el nivel que había exhibido en el Liverpool. A su falta de confianza generada por su breve y desagradable estancia en Madrid se unieron una sucesión de lesiones que le impidieron tener continuidad en su nuevo club. Aún así metió 30 goles en 79 partidos, que no está nada mal pero no fueron suficientes para evitar el descenso de las "urracas" en la temporada 2008/09.


En julio de 2009, Owen fichó por el Manchester United y nuevamente se constató que éste no era un jugador para un equipo grande. Su papel de segundón, relegado a citas de poca trascendencia y en alguna ocasión utilizado como revulsivo, llevaron al jugador a disputar tan solo 52 partidos en tres años, realizando 17 dianas. En 2012 su contrato expiró y no fue renovado.


Sin equipo, Owen se decantó por unirse a las filas del Stoke City, equipo de muy bajo nivel en la Premier League en el que tampoco ha sabido adaptarse. Tras haber disputado hasta la fecha en la presente campaña tan solo 10 partidos en los que ha materializado 5 tantos, ha resuelto poner punto y final a su carrera futbolística llena de altibajos y ensombrecida por la injusta atribución de un Balón de Oro que estaba destinado a otro hombre...



martes, 5 de febrero de 2013

Raúl, la historia de un exilio injusto


Con motivo del amistoso que va a disputar la Selección de España frente a Uruguay en Qatar, Raúl ha aprovechado para realizar una visita a la expedición española, y de paso, saludar a varios de sus ex-compañeros y de sus ex-rivales, así como a su antiguo entrenador en el Real Madrid, Vicente del Bosque. No he querido dejar pasar la oportunidad para rendir un merecido homenaje al eterno número 7 y reflexionar sobre su ausencia en la Roja desde septiembre de 2006.


Raúl es probablemente el mejor jugador español de la historia y su repentina desaparición de la lista de convocados por Luis Aragonés en aquel 2006 siempre ha estado rodeada de polémicas sin resolver, a la espera eterna por parte de muchos aficionados del regreso de Raúl. Tal regreso nunca se produjo. Luis Aragonés decidió no convocar al "Gran Capitán" por un pequeño bache que experimentó en su rendimiento (al menos eso pareció en un principio). Raúl no tardó en empezar a marcar goles y a reivindicarse, pero la vuelta a la Selección no se producía y el olor a chamusquina se extendía por todo el país. Muchos periodistas comenzaron a hablar de un conflicto personal entre Raúl y el seleccionador, otros hablaban de cambio de ciclo y de renovación (como si Raúl no pudiese adaptarse), otros decían que Aragonés quería dosificar al capitán para que llegase en plenas condiciones a la Eurocopa del 2008, y otros, por increíble que parezca, lo achacaban a meras cuestiones deportivas.


La fecha de la Eurocopa de 2008 se acercaba y muchos especulaban sobre la inclusión en la lista de Raúl. El día x llegó y Raúl no estaba en aquella lista. Pongámonos en situación, la temporada 2007/08 Raúl había vuelto a mostrar un gran nivel (como las dos anteriores) pero además había recuperado sus registros goleadores de antaño (23 goles: 18 en Liga y 5 en Champions, a pesar de que por aquel entonces el Real Madrid siempre caía en Octavos de Final). El esfuerzo y el espíritu del 7 blanco, junto a su calidad y facilidad para hacer goles provocó que el cántico de moda del Santiago Bernabéu y de múltiples enamorados de La Roja no fuese otro que el de "Raúl Selección, Raúl Selección". Pero Luis Aragonés hizo oídos sordos (o realmente fue incapaz de oírlo) y no incluyó al crack madrileño. Sí estuvieron en aquella lista David Villa (que con 22 goles aquella temporada hizo menos que Raúl) y Fernando Torres (que con sus 33 goles en el Liverpool era el mejor delantero español del momento). Estos dos delanteros podían discutirle el puesto a Raúl, pero el problema es que no fueron dos delanteros, ¡fueron cuatro! El primero de los infiltrados fue Sergio García, un jugador que en los dos últimos años con el Zaragoza había hecho los mismos goles que Raúl sólo en Liga en una temporada (18) y que para colmo, bajó a Segunda División aquella temporada. Como un jugador internacional de semejante categoría no podía ser relegado a divisiones inferiores, fue fichado por el Betis, equipo con el que volvió a descender la siguiente temporada. El segundo infiltrado fue Dani Güiza, que inexplicablemente logró marcar 27 goles aquella temporada con el Mallorca, no obstante su nula calidad futbolística hacían cuanto menos sorprendente su convocatoria con la Selección para una Eurocopa.


España, gracias a una generación inigualable y a los pocos minutos con los que contaron Sergio García y Güiza, conquistó la Eurocopa e hizo olvidar el debate sobre Raúl durante algún tiempo. Llegó un nuevo seleccionador, Vicente del Bosque, que había coincidido con Raúl en el Real Madrid. El 7 mejoró los números de la anterior campaña haciendo 24 goles la temporada 2008/09. Raúl jamás pronunció una palabra más alta que la otra y nunca se quejó de su situación ni quiso alimentar la polémica que había en torno a él y la Selección. Del Bosque, sin embargo, pareció tener miedo de echar más leña al fuego y devolver a Raúl a la Selección, o de hacerlo al menos antes de tiempo. En estas, llegó Pellegrini al Real Madrid quien sentenció las posibilidades de Raúl por el momento. Pellegrini sentó en el banquillo al "Gran Capitán" por primera vez en su carrera, alineando en su lugar a los flamantes fichajes Benzema (que no era ni la sombra de lo que es ahora pues su adaptación al club fue complicada) y Kaka' (que no fue ni la sombra de la sombra de lo que había sido en el Milan). Sin minutos, con apenas goles esa temporada y con una lesión al final, evidentemente era imposible que Raúl fuese al Mundial de 2010, tan imposible como que Güiza o Sergio García con un seleccionador cuerdo hubiesen ido a la Eurocopa de 2008.



















Pellegrini, que pasaría a ser recordado como el entrenador del "Alcorconazo", fue destituido y llegó José Mourinho. Mourinho llegó al club blanco afirmando que Raúl era un jugador clave para él y que iba a jugar mucho más de lo que había jugado la temporada pasada. Aún así, Raúl, que había experimentado demasiado tiempo lo que era estar en el banquillo y ante todo quería JUGAR al fútbol, decidió emigrar a Alemania, al Schalke 04. Muchos criticaron a Raúl, dijeron que iba allí a tener un retiro fácil lejos del peso mediático que tenía en el Madrid. Raúl volvió a tapar muchas bocas. En dos temporadas se ganó el respeto de todo el fútbol alemán. En su primera temporada marcó 13 goles en la Bundesliga, 1 en Copa (clasificando en la prórroga a la Final al Schalke 04 en detrimento del Bayern Múnich) y 5 en Champions, competición en la que se salió y con sus actuaciones frente a Valencia e Inter de Milán (vigente campeón por aquel entonces) lideró a su equipo por primera vez en su historia a las Semifinales de la Champions. En su segunda temporada, a petición de sus propios compañeros, Raúl fue nombrado capitán del equipo. Anotó 15 goles en la Bundesliga, 2 en la Copa y 4 en la Europa League (con dos actuaciones memorables frente al Athlétic en las Semifinales de la competición). Al finalizar su segunda temporada, Raúl había acumulado méritos suficientes para el retorno a la Selección, pero Vicente del Bosque prefirió no convocarlo. Sí fueron seleccionados Álvaro Negredo (con 14 goles en esa temporada, 7 menos que Raúl), Pedro (que en su peor temporada con el Barça se había quedado sólo en 13) y Fernando Torres (que si bien a la postre fue el Pichichi de la Eurocopa, en sus dos últimas temporadas con el Chelsea había logrado la espectacular cifra de 12 goles, por los 40 de Raúl en el Schalke 04).



Tras sus dos magníficas temporadas en la Bundesliga (40 goles, una Copa, una Supercopa de Alemania, la distinción al mejor gol de la Bundesliga en el 2011, máximo goleador histórico de la Champions y de las competiciones europeas, once ideal de la Champions 2010/11 y un larguísimo etcétera) se convirtió en el jugador que más camisetas ha vendido en la historia del Schalke 04, en el capitán y líder indiscutible del vestuario y en el mayor ídolo de la afición de Gelsenkirchen. Raúl, que tenía una oferta de renovación por parte del club alemán y muchas otras ofertas de equipos Champions (entre ellos el Málaga), decidió desvincularse del fútbol de primer nivel y se marchó a jugar al Al-Sadd de Qatar. Por cierto, el Schalke 04 sí supo brindarle el homenaje que merecía este jugador (no como el Real Madrid) e incluso retiró el número 7 de las camisetas del equipo en su honor. Como anécdota, para su homenaje se fabricaron camisetas que rezaban "Gracias Señor Raúl" de las que se agotaron las existencias.


Esta es la historia de un exilio injusto a un maravilloso profesional y deportista que debería servir de inspiración a todos los jóvenes futbolistas, que vio como injustamente se le apartaba de la Selección entre los años 2006-2012 y nunca se quejó por ello, sino que siguió trabajando y haciendo goles. Siempre contigo, gracias Raúl.

Os dejo un vídeo con algunos de los mejores goles de Raúl con el Real Madrid: